lunes, 3 de octubre de 2011

THE DAILY MESSENGER BLIND DATE





THE DAILY MESSENGER BLIND DATE

Aaayyy, suspiro
y te espero como un niño
aquí sentado
mirando
comiéndome las uñas
parado
deseando que en el ordenador
aparezcas
y me digas
y me dejes
escucharte
aunque sea
solo en letras
¿Qué haces?
¿Qué digo?
¿Estás triste?
¿Estás bien?
Ayer no te vi
ni tampoco antes de ayer
¿De qué hablamos?
No sé.
Pienso.
¿En qué?
En tí.
¿En mí?
Si, ¿porqué?
Me encanta.
¿Y tu?
¿Qué?
¿Piensas alguna vez?
No.
¿No?
Bueno, si.
Ahhh.
¿Y qué piensas?
Bobadas.
Dime alguna, a ver.
Pues...
...
¿Me quieres?
Si, ya lo sabes.
¿Mucho, mucho?
Muuuucho.
Diossss, ¿como cuánto?
¿Como cuánto, qué?
¿Como cuánto me quieres?
Un montón.
¿Y es mucho?
Ufff.
Yo también.
No sé, no sé.
Que si, joer.
¿Cuánto me quieres tu?
Otro montón.
Jajaja, no vale.
¿Porqué?
Porque repites lo que te digo yo.
Ah, entonces diré...
¿Qué? ¿Qué?
Diré:
que te quiero como al pan
que me como cada día,
como al agua de la ducha
que me moja y me limpia
que me estaba quedando dormido
y al verte he visto
que me gusta tu compañía
y que hay veces que creo
que vives en mi cerebro
y en mi cama
y en el salón
y en la cocina.
Hasta cuando voy a trabajar
creo que te voy a encontrar
esperando en la oficina.
Jajaja, madre mía, COMU,
lo tuyo es paranoia.
Paranoia, o paranoio,
no sé qué será,
lo que sé es que me pasa
y oigo campanas de misa
cada vez que te veo
aparecer de imprevisto
entre los contactos
de mi lista.

COMUNERO

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