domingo, 19 de septiembre de 2010

LA LUZ DEL DÍA



LA LUZ DEL DÍA



Un amor se fue
como se le va la luz al día,
y a la mañana siguiente,
volvió a aparecer
otro sol,
otra luz,
otro día y otra noche distintos,
más brillantes y más risueños,
de ternura y amistad,
como el vino fresco y bueno
que te salva de las penas
y te endulza el paladar.

Con la luna de Septiembre,
con estrellas y cometas
y la música entre medias
nos mirábamos de frente.
Bailamos dos o tres canciones,
¿o fueron más? No lo sé.
Mis manos en su cintura,
las suyas acariciaban mi piel.
Hubo un rato
que mi boca se perdía
y sin querer yo quería
besarla y no sé por qué.
Mis labios rozaban su pelo,
ella levantaba la cara
y como si me lo pidiera a gritos
apreté con fuerza su cuerpo
y la besé.

Si hubiera podido
no me habría despegado.
Fue un segundo,
un suspiro,
quizás lo que dura un latido
cuando alguien viene al mundo
pero seguro
que fue el beso más profundo
que en mi vida di a una mujer.
Por que fue
algo soñado,
casi casi deseado.
Mi cuerpo y el suyo.
Su cuerpo y el mío
unidos,
convertidos en uno solo.
Como dos almas fundidas
confiadas,
ilusionadas,
olvidando las penas pasadas
despertando en mí las ganas
de llenar de rosas la luz del alba
y volver a enamorarme otra vez.
MMMMMUUUAAAAKKKKK

COMUNERO
Para M.

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