jueves, 10 de marzo de 2011

A MI DULCINEA



A MI DULCINEA

Hoy los e-mails son fríos.
Nos han vuelto robots que no sienten
que no dejan ese brillo, ese SUSPIRO...
Ese aroma al abrir las cartas que nos deja el cartero en el buzón.

Recuerdo aquellas cartas,
si, aquellas que se escribían a mano,
con un bolígrafo, con sentimientos,
con el corazón en un puño.
Como ésta que leo ahora.

En ella parece que te puedo ver.
Es como si la realidad se convirtiera en sueño.
O como si aquel sueño que me cuentas
se hiciera realidad en este momento.
Me late el corazón a 100 por hora
y no puedo parar de releer lo que dices.
Tus risas, tus tachones, esa forma tuya
de contruir lo que tu boca quería contar
y, a través de tu mano, me lo dices y te oigo.

Aaaaah, qué alegría volver a repasar
aquellas cartas que nos escribimos.
Y alguna que no envié, pero no por ganas, ¿eh?
si no porque me gustaba conservarla
y... ahora, pasado todo este tiempo,
parece como si todavía te la fuera a enviar.
pero no, quiero seguirla conservando aquí,
conmigo, escondida entre estos libros.

Oye, y es que te imagino, jajaj, con esa falda azul
de lunares blancos, con aquel lazo rosa detrás.
Y tus zapatos de tacón de color marrón.
Y tu melena sujeta por una cinta en una coleta.
Y tu sonrisa, blanca, pura y fresca,...
¡¡¡Diossss, qué guapa!!!

Jjaaja, ¿Y te acuerdas de las historias que te contaba?
De que yo creía que eras como una vampiresa
y que en la callejuela aquella, a oscuras,
me ibas a dar un beso y me iba a quedar hipnotizado?
¿Y que me ibas a chupar la sangre poquito a poco?
¿Y que no me iba a poder escapar de tu cuarto?
¿Y que por eso, cuando los vecinos dijeran
SE OYEN RUIDOS, tu dirías: ES EL AIRE QUE SE HA LEVANTADO?
Pero no, en realidad sería yo que estaba tratando de escapar,
jajaja, madre mía.

¿Cuántos años llevamos escribiéndonos?
¿Seis, ocho, diez? No recuerdo.
¿¿¿OOONCEE??? Dioss mío, jaja y seguimos, ufff
y seguimos igual. Es como si todo siguiera
como cuando nos conocimos por la primera vez.
Tu sigues siendo mi Dulcinea y yo tu Quijote.
Me alegra que seamos como somos. Sin cambiar nada.

¿Sabes qué? Ya te lo he dicho un millón de veces,
pero te lo quiero repetir otra más:
TEEEE QUIIEROOOOOOOO MMMMMMMMUUUAAAAKKKKKKKKKK...


COMUNERO

2 comentarios:

luciernaga_poeta dijo...

Comu, el sentimiento que se plasma en las letras de una carta es a veces tan intenso que traspasa las distancias, el silencio y hace hablar a las caligrafías que en trazos llenos de ternura quieren salirse del papel para contarle al destinatario de las lágrimas contenidas de emoción que temblaban en los ojos de quien expresaba a través de ellas su cariño, su amistad, su nostalgia.
Es muy bello recibir una carta pero más bello es enviarla.
Un abrazo enorme

Cecy

COMUNERO dijo...

¿Sabes LUCIÉRNAGA? Eso que has dicho de "ES MUY BELLO RECIBIR UNA CARTA, PERO MÁS BELLO ES ENVIARLA" llevas toda la razón. Yo cuando suelo escribir, me sale de dentro, y pienso... LO MANDO O NO? Y aquí, en este blog, es como si mi conciencia me dijera SIIIIII, ENVÍALO, YO LO LEERÉ. Y creo que ella me está esperando ansiosa (mi conciencia) jaja, ¿te lo puedes creer?
Un besote muuuyyy fuerte amiga:
MMMMMUUUAAAAAKKKKKKKKKK

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