miércoles, 3 de noviembre de 2010

EL ESTANQUE




EL ESTANQUE

Aquel banco del estanque tuvo la culpa.
Aquellos árboles, aquellas hojas,
aquel farol, aquella noche,
aquella luna.

Aquel silencio que recorrió mi cuerpo
como un frío gélido, polar, intenso
que apagó mis ansias, mi amor,
mi vida.

Fue allí donde te conocí,
donde solitarias tus lágrimas
llenaban de tristezas los suspiros.
Donde mis pies, mis ojos y mis oídos
dejaron de sentir por deterner,
por no ver,
por no oír
tu pesar.

Y a tu lado me senté,
y sin respirar, te pude observar,
y mi hombro te dejé.
Y llorabas, y llorabas,
ni siquiera levantaste la cara,
por vergüenza, imaginé.

Pero al cabo de un rato,
sin yo, decirte nada,
me abrazaste,
y te abracé.
Y sentí en mi piel
los labios que antes murmuraban.
Y te volví a abrazar
y si no fuera por que ya estabas bien
no te habría soltado.

Al final, como suele pasar,
te pusiste de pie, me pediste perdón,
me diste las gracias
y acomodándote la falda
te fuiste de allí.

Y es aquí donde vuelvo cada noche,
a buscarte sentada, esperando
mirando las hojas, el estanque, llorando
a la luz del farol solitario de bronce.

COMUNERO

Dedicado a T.

2 comentarios:

luciernaga_poeta dijo...

Comu, es precioso; estar cuando somos necesitados y darnos al consuelo del otro , abrazar, ser abrazados y dejar partir si vemos que el daño ha sanado. La mayor demostración de amor es dar libertad a quien amas.
Siempre en tus letras
te dejo un abrazote

Cecy

COMUNERO dijo...

Muchas gracias, LUCIÉRNAGA, me encantan los comentarios que haces. Diosss, a veces creo que me lees el pensamiento.

Un besote:
AAAUUMMMMFFFFMMMMUUUAAAKKKKKK

¿De dónde eres?

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